Su Vida de Fe

En la familia de Rick no hubo formación espiritual alguna. Su primer recuerdo de una enseñanza cristiana fue durante su estancia en la Ciudad de los Muchachos. Allí él creyó, fue bautizado, y nutria su fe con la misa y los sacramentos.

Al salir de la Ciudad de los Muchachos tuvo un vacío espiritual por muchos años, hasta que a mediados de los años 70 un compañero de trabajo cristiano le habló de Jesucristo y le animó a que le aceptara como su Salvador y Señor. Él aceptó al Señor, comenzó a desprenderse de algunos de sus malas costumbres, y se incorporó a una iglesia evangélica local. En contra de sus deseos, la reanimación espiritual que él estaba viviendo no ayudó en nada a su inestable matrimonio, si no que por el contrario aceleró la rotura definitiva.

Fue durante el periodo de separación y divorcio cuando tuvo la visión del amor de Dios. Rick ya había aceptado a Jesús como su Salvador, cuando el Padre Celestial, Dios que es Amor, se le reveló y tocó el dañado corazón de Rick. La palabra Padre quedó tan impresa en su ser, que añoró entender todo su significado, además de llegar a ser el padre que él hubiera deseado tener.

Durante la renovación carismática Rick conoció y recibió el bautismo del Espíritu Santo. Fue entonces cuando nos conocimos. Rick estaba ferviente, fascinado con Dios y la vida abundante que Él da libremente a los que creen y lo piden. Rick me habló del bautismo del Espíritu y me preguntó si deseaba recibirlo. Yo accedí. Él me impuso las manos y oró sobre mí.

Nuestro amor por Dios y el uno por el otro fue en aumento. No dejábamos pasar ninguna oportunidad en la que pudiéramos hablar de nuestra fe o participar en los cultos de adoración. Una vez casados vimos como el Señor se movía a través de nosotros en la oración y en la liberación de personas con cadenas espirituales. Aquellos fueron días santos.

Unas tristes circunstancias nos hicieron abandonar las iglesias evangélicas. Pasados varios meses empezamos a asistir a las misas de sanidad y a las reuniones de oración de los grupos carismáticos católicos. Nuestros hermanos y hermanas católicos nos aceptaron como éramos, sin preguntarnos con respecto nuestra creencia doctrinal o a nuestras razones para estar en sus reuniones. Con la certeza de que el Espíritu Santo nos había encaminado, comenzamos el proceso de reintegración en la Iglesia, solicitamos la anulación de los matrimonios anteriores y finalmente nuestro matrimonio fue confirmado por la Iglesia Católica.

Con el deseo de ser útil y atender a las necesidades del pueblo de Dios, iniciamos el proceso de formación para ministros laicos en la parroquia de Gesu en 1986 y continuamos 2 años más con la formación diocesana. Finalmente en 1989 fuimos comisionados por el Obispo de la Diócesis de Toledo. “El viento sopla donde quiere y aunque oyes su sonido no sabes de donde viene ni a donde va. Así son todos los que nacen del Espíritu”. Así nos sucedía a nosotros.

En 1993 Rick y yo acabamos los 2 años de estudios de seminario con Rapha Ministries en la iglesia Lambertville Christian Fellowship. Rick y yo deseábamos ser miembros activos de las iglesias donde nos encontrábamos. Éramos conscientes de que el Señor no había dado unos talentos y deseábamos invertirlos. Deseábamos servir al Señor y a su pueblo. La triste realidad es que nunca llegamos a encajar en ninguna de las iglesias a las que hemos asistimos.

A pesar de los cambios y el transcurso del tiempo, Rick no vacilaba en su fe, su amor a Dios y el compromiso con su pueblo. Los dos deseábamos hacer la voluntad de Dios y esperábamos con expectación el próximo avivamiento del Espíritu. Continuábamos a la espera en España y deseábamos que el Señor nos mostrara donde podíamos adorarle en la lengua materna de Rick. A Rick le gustaba la música cristiana y cantaba muy bien. Los álbumes que nos trajimos de Estados Unidos nos ayudaba a recordar los cultos de oración a los que habíamos asistidos.

Unos días antes de su muerte y de forma imprevista tuvimos nuestra última alabanza, nosotros dos solos. En la televisión cristiana estaban retransmitiendo una grabación de Hosanna Music. Parecía como si hubiéramos retrocedido en el tiempo, como si la presencia y el gozo del Señor hubiera llenado nuestro hogar. Revivieron nuestros espíritus—el Señor se notaba tan próximo. Hoy vuelven a mi mente con repetición las palabras de una de las canciones: “Paz cuando la adversidad se aproxima; el Señor ve, el Señor sabe. Él es mi paz. Cuando el dolor se acerca el Señor ve, el Señor oye. Él es mi paz”. Me pregunto si esas palabras eran entonces para Rick o para mí. O eran para los dos.

Para Rick el camino de fe ha terminado; él ya llegó a su eterna mansión en los cielos. Ahora con miles y miles de ángeles reunidos en alabanza y con una multitud que nadie es capaz de contar de todos los pueblos, naciones y lenguas, Rick canta un himno nuevo. Él alaba al Señor delante de su trono en el templo de Dios.





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